• Ani

El duelo

Se acabó la luna de miel, porque nada es como parece con esos comportamientos tóxicos que sólo te quitan libertad. Pediste el divorcio y, aunque sentiste que te quitaste una gran carga al encontrar la valentía de reconocer que estas perdiendo y que necesitas empezar a ganar vida, tiempo y espacio, aún te sientes increíblemente mal. Hermosa te presento EL DUELO.


Como todo divorcio hay un periodo en el que tu mente y tu cuerpo se resistirán a tu vida sin ese patrón tóxico. Tu sistema nervioso ha vivido por años bajo ayunos, atracones, depuraciones, ejercicio en exceso, preocupaciones, estrés y ansiedad. Es como si la paz, el descanso, la energía, el comer lo suficiente y estar en paz contigo misma fueran una amenaza. Es increíble, pero cierto.


Si la mayor parte de tu vida te has sentido insegura, incómoda en tu propia piel, odiándote y odiando el cuerpo en el que habitas y el mundo que te rodea, es completamente normal que cuando decidas actuar de otra manera tus patrones se intensifiquen. En mi caso personal, el día en que dije ya no más y de verdad dejé de depurarme e inicie a entrenar 5 veces a la semana en lugar de 6 o 7, en comer natural pero sin medir o contar calorías y a dormir y hacer todo lo necesario para sentirme bien... ¿Qué crees? Pasé dos semanas comiendo de más, beviendo vino tinto demás, en una ansiedad horrible, sintiéndome pesada y muy poca cosa....Justo cuando le dije a mi mente "Sabes qué, me cansé ¡Basta de esta historia!", pero fue un "¡Basta ya!" viceral, es decir estaba convencida que iba a ganarle la batalla a esos patrones tóxicos. Al rato estaba comiendo muchísimo queso y luego atiborrandome de crema de almendras y sintiéndome a explotar.... Trataba de elegir frutas, quesos biológicos, vino tinto... pero igual estaba comiendo demás y sintiéndome terrible en mi piel, quejándome de mi entorno y sintiéndome más víctima que nunca. Había tocado el centro de mi enfermedad, la estaba viendo de frente dándome la pelea.


Por años había ido al psicólogo, luego había trabajado con una life coach, luego emprendí mi camino de sanación sola pues mis atracones se habían reducido increíblemente y, así, por varios meses ya había trabajado mis creencias limitantes de no merecimiento, mi amor propio, mi autocompasión y lealtad feroz. Estaba lista para dejar ir mis comportamientos por completo (que en este particular momento se habían reducido a entrenar demás, comer algunas veces demás y quedar incómodamente llena, y superar mis limites del cansancio haciendo dietas lowcarb y llenándome de trabajo). Sentía una sensación de seguridad en mi pecho y sabía en lo profundo de mi ser que esto simplemente era una transición a una vida en la que yo gano siempre. Me sentía como aquellas personas que dejan de fumar de un día para otro y nunca más lo vuelven a hacer. Pues ese episodio, que duró como 3 semanas, era como mi último cigarrillo.


Al inicio, era terrible no entender qué me pasaba. Yo estaba lista para comenzar mi nueva vida, mi alma estaba lista, mi intuición me decía que estaba lista. Pero mi mente y mi cuerpo estaban confundidos tratando de reproducir patrones del pasado, que yo ya había superado, pero que por alguna razón regresaron, a despedirse y a recordarme el porqué no los quiero más en mi vida.


Y, es ahí cuando entendí que los trastornos de la conducta alimentaria y cualquier otro patrón tóxico de cuerpo y comida tienen un ciclo en nuestras vidas. Y la clave de todo esto es ver cada fase con autocompasión y con una mirada de estudiante para conocernos cada vez más en cada etapa.


En el artículo pasado vimos cómo en su momento estos comportamientos pueden hacernos sentir mejor. Hoy te muestro cómo el fin de la historia representa un duelo. Algo así como cuando pierdes un ser querido y las semanas siguientes lo único que viene a tu mente son recuerdos con esa persona o intentas hacer cosas que hacías con esa persona cuando estaba con vida. Lo mismo sucede con tus patrones tóxicos, entre más te empeñas en olvidarlos, más se intensifican.


Como dirían aquí en Italia "che palle" que significa "que gueva". Pero, sabes, lo genuino de todo el asunto es que cuando vives un duelo todo lo que viene a tu mente o todo lo que haces ya no existe, hacen parte del pasado. Tu relación tóxica ha terminado y lo único que esta haciendo tu mente y tu cuerpo es reproducir aquello que ya no le pertenece, no lo hará por siempre y cuando se habitúen a tu nueva realidad y cuando les demuestres que tu vida es ahora mejor que estas divorciada de esos comportamientos tóxicos y libre para ser feliz. Tu cuerpo y tu mente se alinearán a ti.


Se requiere paciencia y autocompasión, porque si tratas de lucharle encontra terminarás muy cansada y tal vez te vaya peor. Yo te invito a que observes, escribas mucho, entiendas porqué eso que haces ya no te sirve y no lo quieres más. Para que, desde ese punto, tomes decisiones.


Tomes la decisión, cuando estes lista, "de terminar el duelo". Como cuando tu ex ya no te duele más o como cuando aceptas de verdad que tu ser querido se ha ido al cielo o cuando entiendes que perd