• Ani

Necesitas un coach

Actualizado: 12 de nov de 2020

¿Cómo explicar lo inexplicable? ¿Cómo ganarle la batalla a tus demonios si ni siquiera podrías definirlos en palabras o quizá ni siquiera los conozcas bien?

Me gusta pensar que ya has hablado con tus padres, familiares o alguien de tu confianza de tu situación. O que tal vez hayas intentado desahogarte con tu mejor amiga o amigo. O que quizá hayas buscado un grupo de ayudo o algún psicólogo. Te digo “me gusta pensar…” porque significa que ya reconoces que hay algo en tu vida que te esta robando poder y libertad. Y que has tenido el coraje de no guardarlo más y alzar tu voz. Si no lo has hecho, si ese no es tu caso, no te preocupes para eso estas aquí.

Tratar de poner en palabras lo que pensamos de nosotras mismas, lo que hacemos con la comida, lo que hacemos y sentimos cuando nadie nos ve, es prácticamente imposible. Yo lo intenté muchas veces en impulsos desesperado de pedir ayuda, pero la dura realidad es que nadie me entendía y quien recibía mi mensaje no comprendía plenamente mi situación, terminaba siendo sólo un pañuelo de lagrimas, un espacio para desahogarme… lo que me hacía sentir mejor en un momento, pero que al final no me ayudaba a solucionar nada.

Te voy a contar brevemente mi historia, para que te sirva de espejo y entiendas porqué tal vez no encuentras una salida, vives cayéndote y regresando al mismo punto de partida. Para que comprendas el porqué tus sesiones con la psicóloga sólo te desahogan y te dan tranquilidad un momento pero pareciera que sigues dando vueltas en círculos viciosos.

Te entiendo, yo también fui a varios psicólogos y hablé con médicos, y el resultado era que me creía cada vez más un caso perdido.

Yo soy Ana María Martínez, nací en Cali, Colombia y tengo 27 años. La situación económica de mi familia y en general la historia de mi vida me obligaron prácticamente a ser la mejor de la escuela y universidad para alcanzar mis sueños profesionales. Mi adolescencia y juventud me pusieron a prueba muchas veces por situaciones que sucedieron que no dependían de mí, así mi mundo emocional se cargaba cada vez más y mi necesidad de controlar mi exterior para evitarme tanto dolor era evidente. Yo soy hija única y lo que menos deseaba era ser una carga para mi familia o ser portadora de malas noticias. Pues he sido el motor de mis padres y no deseaba por ningún motivo ser un tema de discusión.

Todo eso hizo que yo ahogara mis emociones con la comida: me las comía o me autocastigaba ayunándome la vida. Y el control del exterior que obviamente no tenía lo dirigí a mi cuerpo, los alimentos y sobre todo a mis resultados académicos y profesionales.

Y ¿Qué crees qué pasó?

Que evidentemente cumplí todos mis retos profesionales, fui la número uno en todo: escuela, universidad y trabajo. Cumplí mis sueños de vivir en el exterior y tener una relación con un hombre acorde a las expectativas ajenas…

Sin embargo, mi relación con mi cuerpo y los alimentos se ponía cada vez más caótica y aunque mi cuerpo se veía tónico y bello por fuera en el fondo mi relación con él era muy tóxica, estaba llena de dolores, de frustración y de comportamientos que me avergonzaban. Odiaba ser yo misma.

Y entonces, lejos de casa, en una vida a los ojos de los demás cómoda… me sentía terriblemente incómoda y triste… Es ahí en donde me quebré en uno de los más malos viajes que he podido tener. Y en medio de mi crisis, me pregunté:

¿Por qué a mí? ¿Porqué luche tanto para tener lo que tengo ahora y me siento profundamente vacía? ¿Porqué yo no puedo ver lo que otros ven en mí?

Y la respuesta era clara, me había dedicado a cumplir expectativas, seguir mis etiquetas impuestas y en el camino al éxito me olvi